"El motivo es para mí del todo secundario; lo que quiero representar es lo que existe entre el motivo y yo" Claude Monet (1840-1926).
Hacía tiempo que deseaba conocer el lugar donde había vivido y creado durante tantos años, el primero de los impresionistas y el único que permaneció fiel a ese movimiento pictórico, durante toda su vida.
Étretat.
Había comenzado esa especie de peregrinaje que me llevó a Giverny en Étretat, contemplando los acantilados y la famosa Porte dÁval en una calurosa tarde (la única del viaje)
Luvia en Étretat 1886 |
El Havre
Buscando los escenarios de sus obras en los recorridos que hacíamos, los cuales no pretendían seguir un el orden cronológico de su vida, llegamos a El Havre. En esta espléndida ciudad reconstruida tras la guerra y cuyo centro histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, apenas nos detuvimos, porque el objetivo era la desembocadura del Sena, cuyo curso veníamos siguiendo desde Rouan por el Parc Naturel des Boucles de la Seine Normande, un maravilloso entorno natural salpicados de pequeños pueblos, de iglesias y monasterios medievales y de testimonios de los pintores impresionistas que eligieron estos paisajes como motivo de sus cuadros.
El estuario del Sena |
Se divisaba una maravillosa panorámica y, a pesar del día nublado, estar en aquel lugar sabiendo que el artista se inspiraba contemplando lo mismo que nosotros, hizo el momento inolvidable.
Puerto de El Havre 1874 |
Camille Monet y su hijo Jean 1875 |
Rouan
Otro encuentro con la obra de Monet en este viaje se produjo en Rouan. La bellísima catedral, con su fachada de delicada tracería le inspiró entre 1892 y 1895,
una de sus famosas series. Captar la luz que baña la elaborada piedra con matices diversos según el momento del día, era su objetivo. Quería reflejarla con sus pinturas justo cuando el efecto se producía sacando a la piedra matices y texturas diferentes en cada uno de esos momentos únicos e irrepetibles.
Ese fue siempre su objetivo y ese fue también su logro, presente en toda su obra. Para conseguirlo siempre pintó al aire libre, a plena luz, plasmando con sus pinceladas sueltas, las vibraciones lumínicas sobre los objetos, los paisajes, las figuras representadas.
Giverny
Monet reunía en su persona las características de un artista pero también las de un burgués.
Gracias a sus marchantes, sobre todo a Durand-Ruel comenzó a ganar dinero con sus pintura y después de vivir en diversos lugares, se instaló en la que sería su casa de Giverny en 1883. La compró en 1890 y en ella permaneció hasta su muerte.
Y la visita a esa preciosa casa
y a sus jardines, donde vivió con la que sería su segunda esposa, Alice Hoschedé y los ocho hijos que juntaron entre los dos, fue especial.
El interior representa el marco adecuado para una vida apacible y acomodada
y los jardines que él mismo diseñó y amplió a lo largo de los años, fueron la inspiración de muchas de sus obras
El jardín del artista 1886 |
pretendiendo captar con la cámara la belleza que irradian: un imposible.
Superada la enfermedad ocular cuyos síntomas comenzaron a aparecer en 1908, dedicó todo su tiempo a pintar una larga serie que tenía como motivo las ninfeas de los estanques del jardín de agua.
Siempre había pintado series buscando los efectos lumínicos sobre los diversos motivos de su pintura, pero a ésta parece que consagró todas sus energías. Incluso construyó un taller mayor dado el tamaño de los lienzos. Pintó un total de cuarenta y ocho.
Fueron sus últimas grandes obras. Alice había muerto en 1911 y casi inmediatamente después la había iniciado dedicándole todo su tiempo.
Disfruté enormemente de la visita. Encontré en aquella casa muchas de las cosas que me gustan: los detalles que humanizan la vida de un gran artista; una cálida y acogedora decoración; un hermoso jardín y un bonito entorno. Cuando emprendimos la marcha confieso que me sentía entusiasmada.
Bordighera
Monet viajó por diversos lugares de Europa. El primer viaje a Londres lo realizó en 1870, para evitar su participación en la guerra franco-prusiana. Allí conoció la obra de Turner, otro pintor de la luz, que le influiría notablemente. También visitó Noruega, volvió a Londres, vino a Madrid para conocer a los maestros españoles y viajó varias veces a Italia.
Intentando seguir sus pasos, el pasado mes de abril, en un nuevo recorrido por ese país tan querido, llegamos a Bordighera. No encuentro las palabras para describir el impacto que la luz, los colores del mar, del cielo, de los jardines, me causaron.
La Riviera francesa e italiana, que fue bautizada acertadamente en 1887 como la Costa Azul, fascinó a pintores y fotógrafos. También a botánicos como el alemán Ludwig Winter que, conocedor del suave clima de la Riviera de Poniente en la costa ligur, participó en la aclimatación de especies tropicales y en el diseño de jardines como el de Villa Hanbury en Vintimiglia o los Jardines de Moreno en Bordighera.
Monet había descubierto la Riviera en diciembre de 1883, cuando viajaba con Renoir. Ambos quedaron fascinados por los paisajes llenos de luz y decidieron volver para pintarlos.
La fascinación de Monet fue tan grande como su impaciencia y a mediados de enero del 1884, quiso volver, pero solo, y pidió a su marchante que guardara el secreto de su viaje. Pensaba que compartir su estancia en Bordighera con Renoir lo distraería. Se instaló en la Pensión Anglaise.
El pueblo que conoció el pintor, el pueblo alto sigue existiendo en la ladera de la montaña
pero ya se habían construido casas cerca del mar y un turismo refinado procedente sobre todo de Inglaterra y Alemania, hacía tiempo que lo había descubierto.
Alicia Hoschedé (aún no se habían casado) se quedó en Giverny cuidando de la casa y de los niños y, recibiendo las cartas del pintor que constituyen una interesante y hasta divertida crónica de su estancia, en donde no falta tampoco la frustración que le provocaba el no poder atrapar el paisaje que se le escapaba con las cambiantes formas del color, con las sombras llenas de aristas que produce la luz mediterránea, tan distinta de la suave y matizada luz de Normandía
Cuando conoció a Francesco Moreno, el rico comerciante de aceites que le dio vía libre para que pintara sus suntuosos jardines, escribió feliz a Alice. Los Jardines de Moreno llegaron a tener ochenta hectáreas y poseían, además de plantas autóctonas como limoneros, naranjos
u olivos;
variedades exóticas de pino canario, araucaria, agave, yuca y sobre todo palmeras de las que confiesa a Alice "me vuelven loco"
Monet pinta y pinta con pasión aquellos jardines que a la muerte de su propietario prácticamente desaparecieron cuando fueron vendidos por su viuda. En la actualidad una pequeña parte de ellos son municipales, llevan su nombre y se visitan libremente.
Constituyen una mínima muestra de su grandeza y belleza, porque con el transcurso del tiempo se destruyó mucho de aquel mundo vegetal que tanto impresionó al pintor.
Mucho de lo que ha perdurado forma parte en la actualidad de diversas propiedades privadas. Tuve suerte porque al llegar a la puerta de una de esas propiedades se encontraba abierta. Unos jardineros trabajaban y sin pensarlo dos veces saludé con un buongiorno y sin ningún impedimento por su parte pude pasear y disfrutar al menos un poco, de aquel maravilloso lugar. Lamentablemente la mañana era gris y faltaba el brillo de la luz que fascinó a Monet.
Puente japonés 1922 |
Superada la enfermedad ocular cuyos síntomas comenzaron a aparecer en 1908, dedicó todo su tiempo a pintar una larga serie que tenía como motivo las ninfeas de los estanques del jardín de agua.
Ninfeas 1915 |
Fueron sus últimas grandes obras. Alice había muerto en 1911 y casi inmediatamente después la había iniciado dedicándole todo su tiempo.
Disfruté enormemente de la visita. Encontré en aquella casa muchas de las cosas que me gustan: los detalles que humanizan la vida de un gran artista; una cálida y acogedora decoración; un hermoso jardín y un bonito entorno. Cuando emprendimos la marcha confieso que me sentía entusiasmada.
Bordighera
Monet viajó por diversos lugares de Europa. El primer viaje a Londres lo realizó en 1870, para evitar su participación en la guerra franco-prusiana. Allí conoció la obra de Turner, otro pintor de la luz, que le influiría notablemente. También visitó Noruega, volvió a Londres, vino a Madrid para conocer a los maestros españoles y viajó varias veces a Italia.
Intentando seguir sus pasos, el pasado mes de abril, en un nuevo recorrido por ese país tan querido, llegamos a Bordighera. No encuentro las palabras para describir el impacto que la luz, los colores del mar, del cielo, de los jardines, me causaron.
Monet había descubierto la Riviera en diciembre de 1883, cuando viajaba con Renoir. Ambos quedaron fascinados por los paisajes llenos de luz y decidieron volver para pintarlos.
La fascinación de Monet fue tan grande como su impaciencia y a mediados de enero del 1884, quiso volver, pero solo, y pidió a su marchante que guardara el secreto de su viaje. Pensaba que compartir su estancia en Bordighera con Renoir lo distraería. Se instaló en la Pensión Anglaise.
El pueblo que conoció el pintor, el pueblo alto sigue existiendo en la ladera de la montaña
Puerta de la Magdalena |
La casa del arquitecto Charles Garnier |
Alicia Hoschedé (aún no se habían casado) se quedó en Giverny cuidando de la casa y de los niños y, recibiendo las cartas del pintor que constituyen una interesante y hasta divertida crónica de su estancia, en donde no falta tampoco la frustración que le provocaba el no poder atrapar el paisaje que se le escapaba con las cambiantes formas del color, con las sombras llenas de aristas que produce la luz mediterránea, tan distinta de la suave y matizada luz de Normandía
Burdighera 1884 |
Cuando conoció a Francesco Moreno, el rico comerciante de aceites que le dio vía libre para que pintara sus suntuosos jardines, escribió feliz a Alice. Los Jardines de Moreno llegaron a tener ochenta hectáreas y poseían, además de plantas autóctonas como limoneros, naranjos
Naranjas en una rama 1884 |
Bosque de olivos en Bordighera 1884 |
Palmeras de Bordighera 1884 |
Constituyen una mínima muestra de su grandeza y belleza, porque con el transcurso del tiempo se destruyó mucho de aquel mundo vegetal que tanto impresionó al pintor.
Jardín de Moreno en Bordighera 1884 |
Venecia
Terminamos este nuevo viaje por el norte de Italia haciendo una breve visita a Venecia. ¿Cómo resistirse? cuando además sabía que Monet había estado allí con Alice entre 1908 y 1909, dos años antes de la muerte de ésta.
Habíamos comenzado el periplo italiano tras su obra y podía ser una buena manera de concluirlo.
Cuando dejamos la estación no podía creer lo que veía: multitudes de turistas tomando cada rincón de la ciudad casi al asalto; el mercado de la Pescheria convertido en una sucesión de puestos de souvenirs; la Piazza de San Marco como los alrededores de un estadio en día de partido... Sentí una enorme pena recordando los anteriores y ya lejanos viajes, en los que pudimos disfrutar con calma y sosiego de una ciudad fascinante, pero sobre sentí pena por los venecianos. Debe ser duro convivir a diario con semejante "éxito turístico"
Al fin conseguimos, no sin trabajo, alcanzar el punto aproximado desde el que Monet pintó uno de los cuadros que guardan memoria de su visita a una ciudad que debió ofrecérsele, casi vacía de visitantes, en toda su deslumbrante belleza.
Gran Canal 1909 |
Resultó, a pesar de todo, un buen día y un estupendo colofón a otro viaje realizado con la pretensión ¡vana pretensión! de llegar a conocer mejor los tesoros de Italia.